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sábado, 13 de junio de 2009

EL VENDEDOR DE BOTIJOS

El vendedor de botijos ha llegado a la ciudad (a Madrid). Con su barro en las manos y su grito, altanero, el de quien sabe algo que los demás desconocen:


-¡Botiiiijooooos! ¡Botijos pal agua frescaaaaaaa!



lunes, 27 de abril de 2009

Juan Muñoz, un genio

El museo Reina Sofía inaugura una exposición retrospectiva sobre la obra de Juan Muñoz, un genio de la escultura, pero sobre todo una visión preclara de un posmodernismo de sensaciones y conceptos entrelazados, un relato mental bien explicado lleno de trucos de ilusionista.

Era, además, un artista leonardesco, interesado por la mecánica, la robótica, las bellas artes clásicas y las fórmulas más modernas. Por eso se encuentra uno desde un ascensor hasta muñecos de ventrílocuo, pasamanos de escalera o la patente de una caja giratoria.

La muestra está organizada por la Tate Modern y el Reina Sofía y es la mayor recopilación de Juan Muñoz que jamás se haya presentado.

Sus obras fantasean con la literatura, los viajes, recuerdos de otras manifestaciones artísticas que calan en su trabajo. Una galería de "guerreros de xian", estos suyos idénticos uno al otro y a la vez todos diferentes; una procesión de contertulias que recuerdan las danzas turcas al sol...

Y sus sombras y espejos resultan inquietantes y conmovedoras al mismo tiempo, hablándonos de la identidad, la soledad, la espera, la reflexión...

La exposición ocupa gran parte del museo, desde el claustro y la planta baja hasta casi toda la tercera planta, con terrazas incluidas. Muy recomendable.


Hasta el 31 de agosto.

sábado, 14 de junio de 2008

EL FERRARI Y EL BASTÓN


Por esas tierras de Castilla, anchas y planas como el pecho de un varón –de unos más que otros- andábamos sobre ruedas hace unos días mi amiga Elenita y yo misma, a bordo de uno de esos Ford Focus que se han vendido como churros. Con el solecito de la tarde paramos a tomar café en una mítica estación de servicio de la A-1, una que está rodeada de huertas burgalesas.
Y conforme salíamos del bar fumándonos el cigarro del café (porque, claro, ya no se puede fumar en las cafeterías de las gasolineras) bajando hacia el coche para reemprender camino. Y entonces una luz roja nos cegó. Era el resplandor de terciopelo metálico de un Ferrari rojo nuevecito, nuevecito, que llevaba la etiqueta aún colgando de las crines del caballito.
-Mira, un Ferrari –advierte Elenita con buen juicio y cierto desinterés (es muy pija).
Miramos y, entonces, el silencio.
…
-Pero ¿cuántos años tiene ese señor? –pregunto yo, mirando alucinada al que me parecía, cuando menos, sesentón conductor del Ferrari.
Elenita y yo debatimos entre risitas teorías sobre la pitopausia –menopausia masculina-, la crisis de la mediana edad y la de la tercera edad, el Euromillón, el macho alfa dominante y la proyección del eros en los objetos fetiche de la hombría, cuando ella se descolgó diciendo:
-¡Ay, ay! Que saca el bastón!!

Ya al borde de la carcajada, me giro y le veo por fin en toda su hechura. El hombre del Ferrari no era un sesentón ni tenía pinta de premiado de la Lotería. Era un abuelo de huerto, clásico, con su rebequita azul marino de lana, sus pantalones de pana, un sombrerito tirolés de fieltro y… las bambas. ¿Quién conduce un Ferrari con bambas, por amor de Dios? Pero si a Jesulín de Ubrique Ferrari no le quiso vender un coche, ¿quién se lo ha regalado a este señor?! Las manitas a la espalda, claro, el vientre abultado hacia delante, mostrando en lo alto lo que era no un cinturón –de ciudad- sino la correa, la misma correa fina de hebilla dorada que quitaban los abuelos para darle zurras a los nietos.

Ahí nos quedamos, mirándole como caminaba hacia el bar, seguras de que iba a pedir un quemadillo, con la boca abierta y una risilla contenida cuando, a nuestra espalda, una pareja de muchachos de nuestra edad en otro Ford Focus, que también miraban al dueño del Ferrari fascinados, llegaron fumando hasta nuestra espalda.
-¡Vaya máquina lleva el abuelo, ¿eh?!

martes, 1 de abril de 2008

Buen sonido, buen anuncio

Tras la extraña pero eficaz banda orquestal del anuncio del nuevo Ford Focus (tocando instrumentos presuntamente elaborados con piezas del coche), la tele se llena de nuevo de la rara magia de la publicidad.
Mi generación no ha nacido con ella (con la publi), pero hemos ido aprendiendo a valorarla. Canal Plus hizo mucho por nuestros sentimientos, con esas autopromos tan maravillosas. Empezamos a saber que la originalidad publicitaria podía ser bella como una pintura o una película. Es la era del videoclip y el cortometraje... Los festivales nos acercaron a la creatividad brasileña y argentina y hace ya una década algunos afirmaban que lo mejor de la programación televisiva era la publicidad.
Y la de coches ha sido puntera, no lo podemos negar. También tienen pasta para aburrir, claro. Eso seguro que ayuda.
Y cuando pensábamos que el creativo publicitario había involucionado y se acercaba como los cangrejos a sus ancestros los helechos -que vaya temporada llevábamos, cuando lo más original ha sido el impagable, infumable, anuncio de compresas de las tías con almohadas... ¿No se dan cuenta de que ya odiábamos al mimo de la flor azul?- , entonces, digo, tachán, llega wolkswagen, paga a los de DDB Barcelona (son maravillosos, siempre lo han sido y siempre lo serán) y aparece un antídoto contra el zapping: el anuncio del nuevo iGolf. Una estrategia currada multimediática (con su web bien hecha, por supuesto) y un spot joven, sugerente, todo un envoltorio de modernidad y de capricho. El grafismo, delicado. La dirección artística pícara, con ese aire canalla de los tejados a lo habanero y las calles por New Orleans.
Pero lo mejor, la música, un temazo callejero como el jazz sucio y bueno (ahora, desprecio a muchachito bombo infierno) :

Tema: What's My Name?, de The Hot 8 Brass Band.
Web del coche para ver el spot y demás: http://www.nuevoigolf.com/v2/

No temáis opinar.