EL VENDEDOR DE BOTIJOS
El vendedor de botijos ha llegado a la ciudad (a Madrid). Con su barro en las manos y su grito, altanero, el de quien sabe algo que los demás desconocen:
-¡Botiiiijooooos! ¡Botijos pal agua frescaaaaaaa!


Publicado por
tanco
en
18:04
1 comentarios
porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares.